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Familia de Cavernícolas es un proyecto destinado a la salud integral, y con salud integral nos referimos a la salud resultante de un correcto trabajo en cuerpo, mente y entorno. Y aunque no lo consideremos un proyecto político, sí que es un proyecto politizado, pues consideramos que la salud y el estilo de vida que aquí llevamos se contrapone al estilo de vida capitalista que no cuida ni al cuerpo, ni a la mente, ni al entorno.

El común estilo de vida moderno prioriza los valores económicos y de éxito por encima de los conceptos de salud básica e integral, y es contra esta idea que queremos luchar. Consideramos que comer no es un mero trámite para seguir funcionando, sino que es un placer y la forma más directa que tenemos de construirnos a nosotros mismos. Consideramos que la mente no es una máquina a la que usar para trabajar y sociabilizar, y luego apagar delante del televisor, el ordenador o demás pantallas, sino que es una herramienta tan poderosa como básica para hallar la relajación, la tranquilidad y el auto-conocimiento necesarios para una salud feliz. Consideramos que el entorno no es algo que podamos privatizar, explotar y destinar únicamente a fines capitalistas y utilitarios, sino que es nuestro espacio vital en el que, aparte de poder movernos por él con facilidad y gusto, también es en el entorno donde hallamos una fuente inagotable de belleza y bienestar.

El cuerpo

Cuando hablamos de la salud corporal no nos limitamos a hablar de la belleza prototípica externa (mujeres delgadas y hombres fuertes). La estética, creemos, es una bonita consecuencia de un cuerpo sano, pero no es nuestra prioridad. Subyugar el culto y los cuidados al cuerpo al concepto de belleza es un error capitalista: nuestros cuerpos no son productos que queremos vender, sino que son templos en los que debemos vivir. Es por eso que queremos cuidarlos, mimarlos y trabajarlos correctamente.

¿Cómo podemos trabajar el cuerpo? Hay dos formas claras de influir en nuestro estado corporal: la alimentación y el acondicionamiento físico. Es decir: comer y entrenar. Y entre ambas, la alimentación es la más importante de las dos.

No queremos ser esclavos del azúcar, de los procesados o de los cereales. Queremos darle a nuestro cuerpo aquellos nutrientes que necesita para fortalecerse y poder funcionar correctamente, y hacerlo con placer. Es por esto que no consideramos que la dieta paleo que aquí seguimos sea, de hecho, una dieta. Es un estilo de alimentación coherente con la evolución humana, que da a nuestro cuerpo aquello que necesita, evitándole inflamaciones sistemáticas y demás problemas causados por la no-comida industrial que solemos consumir actualmente.

Rechazamos, de manera brutal, la falsa comida, que no sólo nos enferma a nosotros, sino que enferma al mundo. Obesidad, diabetes, enfermedades neurodegenerativas o la ansiedad por comer son sólo los ejemplos más obvios de este gran iceberg. Porque no se trata solamente de evitar la fast food, sino también de apostar por una cualidad alimentaria que incluya una conciencia moral.

En Familia de Cavernícolas tenemos animales y huerto, y los tenemos por dos motivos. El primero: nos negamos a consumir pesticidas y antibióticos que, de manera tan barata y sutil, compramos diariamente en las lechugas del supermercado y en los pollos y cerdos tan bajos de precio. El segundo: nos negamos a consumir animales que han vivido esclavizados y que han sido mantenidos vivos con el único fin de que engorden y se puedan vender. Aceptamos comer carne como un acto natural y evolutivo, pero no apoyamos la capitalización que esclaviza al reino animal.

La mente

Seguramente coincidáis con nosotros en que es en la mente donde reside la clave para una vida óptima, sana y feliz. Y la mejor manera que conocemos de trabajar la mente es la meditación (cualquier tipo de meditación). 

El entorno

Solemos asumir sin problemas que un pez no puede vivir fuera del agua, ni un león puede ser feliz en un zoo, ni siquiera que un perro pueda realizarse plenamente viviendo en un piso minúsculo de una gran ciudad. En cambio, nos creemos el único animal capaz de vivir completamente alejados de la naturaleza, que es nuestro entorno ideal, y ser felices así.

Desde luego, ni todo es blanco ni todo es negro, e igual que un perro puede estar contento de vivir en un piso con un humano responsable en cualquier ciudad, nosotros podemos hallar la realización plena en todas las capitales asfaltadas del mundo. Pero no debemos perder el contacto natural. Los perros salen a correr al parque, y nosotros deberíamos hacer lo mismo, mantener una relación con el entorno que nos vio nacer y que nos moldeó: la naturaleza.

Cuidar el entorno es una señal de respeto hacia nosotros mismos y de la conciencia de que no estamos solos en este mundo. Respetar la naturaleza, creemos, es un síntoma de salud. Pero, claro está, para respetar la naturaleza tenemos primero que conocerla, amarla y crear un vínculo real con ella.

MANIFIESTO

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