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Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo

**Nota introductoria: Me acabo de quedar muerta al buscar por Google el libro (una foto de la portada), y encontrarme con que, no sólo se considera que el método que Carr propone tiene un (aprox) 70% de éxito, sino que el libro ¡es la rehostia de famoso! No tenía ni idea. Qué alegría, ¡qué bien!

Ante todo, aquí el libro del que hablo. Quizás a cada persona le vaya mejor un método u otro, unas ideas u otras, pero creo que la esencia de este libro puede ayudar a toda aquella persona que quiera dejar de fumar.


¿Es fácil dejar de fumar de la noche a la mañana? Sí. O como mínimo más fácil que hacerlo de forma “paulatina”. Primero, porque dejarlo poco a poco casi nunca funciona, y segundo, porque alimentamos la adicción a la vez que creamos el mono. Es sufrir por sufrir. De todas formas, repito, quizás a otras personas les funciona mejor así.


Confieso que yo tuve ayuda: lo dejé justo después de casarme, y mi marido no fuma, con lo cual fue mucho más sencillo. Sea como sea, aquí tenéis mi selección de ideas básicas sacadas del libro de Carr.


El cigarrillo te resta coraje. Todas esas cosas, o malas noticias o llamadas incómodas que no podemos afrontar sin el cigarro ya encendido.


Uno de los mayores beneficios que recibes cuando lo dejas, es el retorno de la confianza y seguridad en ti mismo. Meses atrás no podía posicionarme en esta afirmación, ahora ya sí: es cierta. Cuántas veces habré usado, para mi misma, eso de ¿pude dejar de fumar en un periquete y no voy a poder con esto? La idea es muy potente: hacemos una cosa que nos perjudica (de hecho, nos mata) y perjudica todo aquello a lo que toca (campos explotados, trabajadores explotados, animales explotados…), y aún a sabiendas de todo esto, lo consumimos. Es decir: atentamos contra nuestro cuerpo a voluntad. ¿Cómo no iba a aportarnos confianza el dejarlo? ¡Confianza y amor propio!


Hacemos locuras auténticas por el tabaco.


No nos relaja ni quita el estrés, sólo nos quita el mono, y así parece que nos relaje. ¿Os suena una escena en la que nos sentamos frente al ordenador, con nuestro café, nuestra frutita y todo lo que necesitamos para empezar a trabajar y no movernos? Siempre hay el cigarro en esa escena, porque sin el cigarro no nos concentramos. Como se resume en la cita de Car (y como él explica y argumenta detalladamente en su libro), el tabaco no ayuda una mierda a la concentración, simplemente cuando queremos concentrarnos evitamos toda distracción posible, y el mono sería una de las grandes. Es más, va fatal para la concentración, dado que la droga vicia la sangre, las arterias, y así llega menos oxígeno al cerebro y, claro está, la concentración, imaginación…, se ven afectadas negativamente.


Si soy fumador/a, soy drogadicto/a. Otra idea potente de Carr: auto-denominarnos drogadictos, que es lo que somos, puesto que suena tan mal que nadie quiere oír esa palabra junto a su nombre.


“Me tomó un café, un cigarro y me relajo”. Olvídalo. La nicotina es un estimulante químico y, por tanto, nunca ayuda a que nos relajemos, todo lo contrario. Y a cuanto más fumas, más irritable estás.


Allen Carr recomienda hacer una lista de unos cinco motivos para dejar de fumar, y ¿qué perdemos haciéndola? Mis cinco motivos fueron:

  1. Salud.

  2. Economía.

  3. Recuperar la confianza en mi misma.

  4. Dejar de despreciarme.

  5. Superación de la esclavitud que supone el fumar.

Debo confesar, a regañadientes, que no suele ser cierto que tu economía vaya a mejorar. A no ser que fumes compulsivamente y de verdad inviertas cientos de euros al mes en esto; no creo que lo notes. O yo no lo noté. Simplemente me lo gastaba en otras cosas.


Para mí, uno de los mayores placeres de ser no fumadora, es verme liberada de esa esclavitud y disfrutar de todas las cosas de la vida, en lugar de estar la mitad del tiempo aguantándome las ganas de fumar para luego, cuando por fin enciendes un cigarrillo, estar deseando no tener que hacerlo. Yo todavía diría más: cuando quiero fumar y no puedo (estoy en el trabajo, en un restaurante, en el cine…), no son las normas sociales, ni la persona que me pide que no fume, quien me priva de disfrutar de ese momento, sino mi propio mono, y yo misma al elegir seguir fumando.


-¿Y la salud?

-De algo se tiene que morir.

-¿Te tirarías deliberadamente delante de un coche?

-Claro que no.


Si te dijeran: este es el cigarro que hará que mueras de esto; no lo fumarías, ¿verdad? Pues eso. Cada cigarro puede serlo. Yo no jugaría nunca a la ruleta rusa.


Se asocia una pérdida de respeto hacia uno mismo, por ser fumador.


Los fumadores se escudan detrás de lo que ellos llaman Fuerza de Voluntad para llegar a creerse que dejar de fumar exige sacrificios. Dejar de fumar no conlleva sacrificios. Aunque como decía al principio del post, y en palabras de Carr: al dejar de fumar reduciendo el consumo de tabaco progresivamente; el mono aumenta y disfrutamos más fumando. Así, a cuanto menos fumas, más sufres. No sufras, ¡no fumes nada!


Sólo tienes que hacer dos cosas para dejar de fumar: 1) Tomar la decisión de que nunca más vas a fumar. 2) No te deprimas, ¡alégrate!


Cuando lo estamos dejando y nos decimos sólo unas caladas y nos damos cuenta de que no nos gusta el sabor, solemos creer que lo estamos consiguiendo. Falso. Nunca nos ha gustado fumar. Otra idea interesante, como mínimo.

Antes de dejaros con el reclamo final de Allen Carr (sus puntos fundamentales a fijarnos en la cabeza para dejar de fumar), os comparto una pequeña reflexión de mi puño y letra, que me ayudó a acabar de encajar todo esto dentro de mi: Llegamos (yo he llegado) a puntos de engaños, mentiras y manipulaciones para poder fumar. Yo he mentido a mi familia; me he esperado despierta, con un sueño tremendo, a que todo el mundo se durmiese para escabullirme al balcón a fumar; entre otras. Esta falta de respeto a mi misma, acaba, pues, convirtiéndose en una falta de respeto también a los demás. Al fumarme aquél primer cigarro con dos amigas, ¿realmente decidí seguir fumando cada día, para el resto de mi vida? NO. ¿Quiero seguir fumando cada día, para el resto de mi vida? NO. ¿Cuándo lo dejo, entonces? AHORA. Y cuando esté con la parte fumadora de mi círculo social, y mi mono me haga pensar que me falta alguna cosa (fumar), debo recordar que no fumando no me falta nada, pero que fumando me faltaría todo esto: salud, vitalidad, dinero, confianza en mi misma, paz mental, valor, tranquilidad, libertad y respeto. Sobran motivos.


Y ahora sí que sí, los puntos fundamentales de fijar en tu mente antes de dejarlo:

  1. Lo puedes lograr. Nadie más que tú mismo te obliga a fumar.

  2. No estás sacrificando nada, en absoluto. Sólo hay ganancias.

  3. No existe el “sólo un cigarro”. Fumar es una drogadicción y, por tanto, una reacción en cadena.

  4. Mira todo lo relacionado con el tabaco como lo que es: drogadicción, y asume cuanto antes que tienes una enfermedad.

  5. Que la decisión sea definitiva: “No fumo más”.

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