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Los animales comen animales, no esclavos

Actualizado: 13 de dic de 2019

No pretendo insinuar que los animales, nosotros entre ellos, nos alimentamos exclusivamente de carne. A lo que me refiero es que si vamos a seguir una dieta no vegetariana, nos aseguremos de que la carne que consumimos fue de animales, y no de esclavos de granja.



Para que el movimiento paleo (o evolutivo, o saludable, o crossfit, o movnat, o etcétera) tenga sentido real, debe ser un movimiento completo, un estilo de vida y no unas directrices dietéticas.

Hemos apostado por la salud y el bienestar, y lo hemos hecho de la mano de la sabia evolución quien puede enseñarnos muchas más cosas a parte del qué comer. Sabemos que la gran parte de nuestros problemas de salud nacen de la discordancia entre nuestros genes ancestrales y nuestro estilo de vida moderno, y que aunque bastante menos de lo que nos gustaría, podemos interferir para recortar esta discordancia. Comemos mejor, nos movemos mejor y seguramente dormimos mejor, pero ¿qué pasa con aquello del entorno? La evolución ha seguido una trayectoria marcada por el entorno, así que cómo ignorarlo ahora.


El entorno


Hay muchos motivos para consumir carne orgánica de animales alimentados con pasto y criados en libertad, sin tóxicos añadidos. Los examinaremos todos, tratando de abanderarlos bajo la misma idea: la filosofía paleo incluye un respeto por la salud, la evolución, la vida y la naturaleza que no puede limitarse exclusivamente a la vida y naturaleza humanas, sino que debe expandirse hacia la vida animal y vegetal. A esto nos referimos al hablar de entorno.

Predicamos unas pautas nutricionales y de entrenamiento acorde con la evolución de nuestro cuerpo, porque vemos que funciona, y porque impregnamos estas pautas de un contenido filosófico y político en el que no damos la espalda a la naturaleza ni a la biología, sino que las abrazamos, para buscar nuestro rincón de felicidad y salud en el mundo actual, sin renunciar a sus avances tecnológicos y culturales. Entonces, ¿por qué no aplicar los mismos principios a nuestros perros, gatos, huertos o animales de granja?

El movimiento paleo debería estar reñido con esta hipocresía del homo sapiens que ya olvidó que también es un animal.


Estos son nuestros motivos desde Familia de Cavernícolas:


Químicos


Comer no siempre es alimentarse. Puedes seguir una dieta exacta en cuanto a macros y calorías, pero si no la abasteces con comida de verdad, no verás ningún beneficio, más bien lo contrario. Pero ¿y qué es la comida de verdad? Desde luego no es la que encontramos envasada al vacío en el supermercado, con una lista de ingredientes muy larga y de los que no conocemos la mitad. La comida de verdad es comida real, ni ultra procesada ni tratada con químicos.

Así que si nuestro interés es la salud, deberíamos empezar a despedirnos de la carne tan sospechosamente barata de los supermercados. La carne de animales de granja tiene dos grandes compañeras: las hormonas de crecimiento y los antibióticos. Huelga decir que, si luego consumimos esta carne, en mayor o menor medida estos tóxicos están entrando en nuestro cuerpo. Y no sólo eso. Los granjeros se ven cada vez más presionados para reducir gastos y potenciar la productividad, así que sus medidas son cada vez más extremas. Animales abarrotados en jaulas diminutas, sin apenas contacto con la luz del sol, ni vida social, ni espacio vital; imaginémoslo. No resultaría difícil que estos animales se estresasen y se atacasen los unos a los otros (por eso se les amputan picos, colas y dientes al nacer); ni tampoco resulta difícil imaginar las condiciones higiénicas pésimas en las que viven, así que los antibióticos resultan fundamentales. Es muy sencillo que los animales tengan infecciones en estas condiciones de explotación, e igual de sencillo que la enfermedad pase rápidamente de un animal al resto, al estar tan abarrotados en un espacio tan reducido. Por tanto, los animales de granja toman antibióticos, y muchas veces antes de estar enfermos, simplemente como prevención.

¿Consecuencias? No sólo se destruye la biomasa de los intestinos de los animales, que les ayuda a digerir correctamente la comida y ser, una vez muertos, mucho más nutritivos, sino que también llena al animal de químicos, convirtiéndolo en un animal poco sano.

En cuanto a las hormonas de crecimiento, su impacto sobre la salud de los animales y de los futuros depredadores de dichos animales, es aún peor. Para empezar, volvemos a llenar a estos animales de químicos, pero además se acelera su ritmo de crecimiento hasta tal punto que solemos tener las granjas llenas de animales obesos, que en su día serán un bonito trozo de beicon lleno de hormonas y antibióticos y con apenas algún beneficio real que la carne de cerdo tiene naturalmente.

Por ejemplo, la carne de pasto de ternera contiene más omega-3 y menos grasas saturadas y colesterol, a la par que también contiene más CLA (ácido linoleico conjugado) que la carne de vaca de granja. Lo mismo sucede con cerdos, ovejas, conejos y demás animales de granja.

En el caso de los pollos, y de los huevos de las gallinas, en las granjas suelen alimentarlos con una mezcla de maíz y de soja (en ocasiones transgénicos), y en consecuencia, contienen mucho menos omega-3 y vitaminas A y E que sus primos los pollos y gallinas, y sus huevos, criados con pasto (hierba e insectos).

El mundo de las etiquetas: a partir del 1 de abril de 2015, y para todos los estados miembros de la Unión Europea, se obliga a etiquetar el país de origen de la carne fresa, refrigerada o congelada de porcino, ovino, caprino y aves de corral. Y también puedes saber de qué tipo de gallina procede un huevo leyendo el código que figura impreso en él:

0 gallinas alimentadas con pienso ecológico

1 gallinas camperas

2 gallinas criadas en el suelo (naves cerradas)

3 gallinas criadas en jaulas


Empatía


No dudo que habrá personas a las que la empatía no les parezca un motivo suficiente. Bien, os aseguro que es porque no lo han visto. Ningún ser humano sano puede quedar indiferente ante tales barbaridades. El problema no es la indiferencia, el problema es otro: el desconocimiento voluntario. Sabiendo que no nos agradará lo que encontremos, hay temas sobre los que elegimos no preguntar. En otras palabras: elegimos libremente colaborar a ciegas con industrias que perpetúan la esclavitud animal y que destruyen nuestra salud, y nuestro mundo.

Pero empecemos por el principio, ¿cómo pasamos de ser cazadores-recolectores, tan unidos a la naturaleza y a los animales, a ser quienes somos ahora? Permitidme citar a Frédéric Lenoir, en su Carta abierta a los animales: "mientras el cazador-recolector nómada formaba parte del mundo natural y no se consideraba radicalmente diferente o superior a los demás seres vivos, el agricultor sedentario desarrolló un pensamiento mítico-religioso que hacía de él el amo del mundo. (…) Estableció también por primera vez una jerarquía entre todos los seres vivos." Desde luego, no digo que debamos quedarnos con esta visión simplista del paso hacia el Neolítico, pero una idea está clara: no podríamos sobreexplotar a los animales como lo hacemos hoy en día, si considerásemos que son iguales a nosotros.

Porque la palabra es esta "sobreexplotar" y no simplemente explotar. Les esclavizamos y les tratamos como a máquinas al servicio de la humanidad, sin tener en cuanta ninguna de sus necesidades. Por poner un ejemplo, a las vacas lecheras se las insemina regularmente para que críen, y una vez han parido, se les quita el ternero para poder aprovechar la leche de la vaca.

Podría parecer que estamos exagerando, porque al fin y al cabo las granjas gozan de cuidados veterinarios, pero estos tienen de cuidados solo el nombre. El objetivo de estos veterinarios (los mismos profesionales que amputan partes de los animales, como el pico de las gallinas o los dientes de los cerdos) es mantenerlos con vida hasta que les llegue el turno de ir a matadero. De hecho, muchos animales de granja acaban enfermos, a pesar de los "cuidados" veterinarios: cojera de las vacas lecheras que no pueden cargar con sus enormes urbes; pollitos que no pueden andar porque han engordado demasiado rápido y sus patas no les sostienen; etcétera. El veterinario, ante esto, no hace nada porque, como decíamos, su misión es que sigan con vida para seguir produciendo. Y claro, a cargo de los cuidados veterinarios van también los antibióticos y las hormonas de crecimiento.

Y después de todo esto, les queda aún el matadero por visitar. Tras un transporte aterrorizador y estresante, se les conduce al matadero, donde mientras esperan pueden oír como sus iguales van muriendo. Se sabe que antes de entrar a ser degollados, se les aplica una descarga eléctrica (en ocasiones una perforación en el cerebro), para que el animal no sea consciente de lo que va a pasar después. ¿Pero quién controla si realmente ha funcionado la descarga? Nadie. Se estima que cerca de un 15% de los animales, empiezan a ser degollados aún estando conscientes.

La alternativa a esto parece sencilla: comprar carne orgánica y de animales criados en libertad. Es una opción, aunque no es la nuestra, como contaremos más adelante. Si sólo consumiéramos este tipo de carne (y ya nos sería bastante difícil, especialmente si nos gusta ir a comer fuera de vez en cuando), lo que estaría claro es que estaríamos invirtiendo en nuestra propia salud: los animales de pasto criados en libertad no suelen recibir tratamientos con hormonas de crecimiento y antibióticos, porque no los necesitan. No están abarrotados en jaulas y espacios cerrados llenos de suciedad, y además pastan y comen exactamente lo que su cuerpo espera, así que genial por esta parte. El problema es que no hay mataderos especializados en "animales que no queremos que sufran". Es decir, que todos los animales acaban en el mismo matadero y sufriendo la misma muerte nauseabunda.

¿Entonces qué? ¿El veganismo? No es la solución por la que optamos nosotros.

Nutrición


Como hemos dicho anteriormente, lo más interesante de optar por una carne alternativa a la carne convencional de granja, es liberarnos de los químicos que esta contiene. Pero aún hay más. Tratemos de comparar mentalmente estas dos alimentaciones de, por ejemplo, una vaca: por un lado, nuestra vaca nº 1 sólo se alimenta de cereales, hijos del monocultivo, como la soja o el maíz; por otro lado, la vaca nº 2 pasta libremente por los prados, alimentándose de muchas variedades distintas de hierbas y plantas, con muchos macro y micronutrientes diversos. Es decir, que la vaca nº 2 tiene una alimentación mucho más equilibrada y completa, lo cual se traduce en una carne saludable que, si eres de los que escoge bien su carne, acabará en tu plato. Esta diferencia nutricional, ¿qué supone?

· La carne de pasto tiene más alto el nivel de ácidos grasos omega-3. Por tanto, tiene una proporción más saludable omega-6 a omega-3 que la carne industrial. (Nota: un exceso de omega-6 puede ser inflamatorio y el causante de enfermedades degenerativas.)

· La carne de pasto es más alta en vitaminas B (B1 y B2).

· Tiene mayor presencia de ácido linoleico conjugado, como ya hemos dicho.

· Rica en betacaroteno.

· Contiene mayores cantidades de vitamina E, vitamina K y minerales como el magnesio, el calcio y el selenio.


Ya, bueno, ¿y entonces qué?


Pues no es una mala pregunta, ni mucho menos, porque no es nada sencillo consumir una carne sana y respetuosa con los animales. En nuestra cueva hemos optado por dos soluciones, aunque podría haber tres.

La tercera sería consumir carne de pasto, de animales criados en libertad, pero asegurándonos de que no son matados en mataderos convencionales, sino que se les ha matado tratando de minimizar su sufrimiento. A nosotros nos parece la opción más complicada, porque ¿cómo estar seguros?

Sin embargo, hay otras maneras de comer una carne digna, y estando completamente seguros de su origen y de su muerte. Son las opciones por las que optamos en casa:


1. Carne de caza. Muchos cazadores de caza mayor venden después los animales muertos. En ocasiones, los venden ya con el certificado sanitario de que es un animales comestible (cuesta entre 30 y 50€), y en ocasiones debes pagarlo tú. Hay páginas web donde comprar esta carne, o puedes ponerte en contacto con los cazadores de tu zona, y tratar de llegar a algún acuerdo. Las ventajas de la carne de caza son clarísimas: animales libres y salvajes, alimentados de la manera más natural posible, con una vida feliz y normalmente más larga que en granjas o animales de pasto, y lo más interesante: muertos como la naturaleza espera que mueran. La caza entre animales está a la orden del día: humanos, leones, arañas, águilas, cocodrilos, etcétera, y no es moral, es necesaria para la supervivencia de muchas especies. Eso sí, los animales que mueren para servir de alimento a sus depredadores, mueren en su hábitat, libres y sin ser torturados previamente. Infinitamente mejor que cualquier matadero.


2. Animales propios. La de las fotos, por ejemplo, es Lola, nuestra cerda, el primer día que la tuvimos. Es decir: sabemos exactamente cómo vive, qué come, cuánto tiempo vive, si son satisfechas o no sus necesidades vitales (sociales, alimenticias, de higiene, etcétera), y claro, sabemos cómo muere. Pero no todo es precioso, hay un tema que divide las opiniones en nuestra cueva: algunos creen que es duro tener animales, porque a la hora de la matanza es triste sacrificarlos, habiéndolos conocido y querido; otros creemos lo contrario, aunque sea más duro y más personal matar y comernos a nuestros animales, también nos obliga a tener plena consciencia de que, para yo poder alimentarme con carne, alguien ha muerto previamente. Es algo que, sin darle un toque de moralidad, creemos que no debemos olvidar.



Algunas webs donde comprar carne de caza


www.elclubdelacarne.com

www.catedraldelacaza.com

www.carnicaselalcazar.com


Entre muchas otras webs.​

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