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Paleo-perro

Actualizado: 13 de dic de 2019

Antes de nada (y para hacer de todo esto algo un poco más familiar) os presento a mi primer cachorro, Nirvana, un grato ejemplo de sensualidad canina. La segunda fue Tardis (los whovians sabrán de lo que hablo), también sexy, aunque algo más discreta. Y para acabar tenemos a Menta, una cachorrita bastante movidita.



A pesar de amarlos locamente a los tres, centraré este artículo en Nirvana, porque él fue el primer perro que tuve, y fue por él por quien empecé a interesarme por la evolución de los canes y su alimentación.


Repito que yo nunca había tenido un perro a mi cuidado, así que, guiada por mi ignorancia, decidí seguir el ejemplo alimenticio más común: el pienso, por supuesto. Y así estuvimos cosa de dos semanas.


Al principio parecía que todo iba bien, pero llegó el día en que me di cuenta de que Nirvana comía mierda (excrementos, suyos y de cualquier otro animal). Me di cuenta por el olor. Es verdad que tenía ciertas facilidades de acceso a excrementos, puesto que vivimos en la montaña rodeados de jabalíes y otros animales y, además, al no tener baño, yo también recurría al bosque para hacer mis necesidades. Al principio las enterraba, pero Nirvana las desenterraba. Luego, sin saber muy bien qué hacer, empecé a añadir pesadas piedras encima, pero Nirvana parecía siempre encontrar la manera de llegar a los excrementos. Era exasperante.


[Nota: los perros, igual que otros animales, pueden comer excrementos por motivos distintos a los que comento aquí, pero lo hacen de manera muy aislada, y no suelen ser los propios.]


Pero esto me hizo empezar a plantearme cosas. ¿Por qué un perro que me hace tanto caso, a pesar de ser tan pequeño, me ignoraba cuando le decía que no comiese mierda? ¿Por qué se esforzaba tanto en encontrarla, teniendo pienso siempre a su disposición en casa? Y empecé a buscar información. Hay varias explicaciones posibles para este fenómeno, pero la única que cuadraba en mi caso era que mi cachorro estaba mal nutrido y que su instinto le llevaba a comer excrementos, en busca de los nutrientes y vitaminas que le faltaban.


Coincidiendo con esto: yo volvía a tener cocina en casa. Hasta ese momento, durante los últimos meses, había vivido en un lugar donde no tenía acceso a la cocina, ni decisión alguna sobre el menú. El hecho de volver a tener cocina me hacía especial ilusión porque podría volver a comer bien. Y entonces sucedió, mi mente hizo un click: si yo comía paleo, ¿por qué mi perro no?


No parecía una idea tan descabellada. Al fin y al cabo, siendo yo omnívora ya tolero mal los cereales y demás productos similares, ¿cómo no iban a sentarle mal a Nirvana, que es carnívoro?


Pero ¿cuál es la referencia paleo de un perro? A mi entender: el lobo. ¿Y qué come un lobo? Los lobos -y los perros- son carnívoros, aunque también comen pequeñas cantidades de plantas y frutas. Estas plantas y frutas las consiguen al comer el estómago e intestinos de sus presas, lo cual les es beneficioso por varios motivos. En primer lugar, les aporta ciertos minerales y vitaminas y les facilita el tránsito intestinal; y en segundo lugar, al conseguir estos alimentos de estómagos e intestinos, los comen cuando ya están predigeridos, pues los lobos y perros (igual que los humanos) no toleran bien las plantas crudas, les causa una digestión dificultosa. Esta “predigestión” es sencilla de imitar: debemos hervir brevemente los vegetales antes de dárselos a nuestro perro o perra, y dichos vegetales nunca deberían formar una parte demasiado grande de su dieta. Recordemos que son carnívoros, aunque los vegetales les aporten ciertos nutrientes y, por otro lado, les ayuden a mantener limpio su aparato digestivo -desde la boca hasta el estómago-, igual que a hidratarse.


Además, cuando los lobos cazan, suelen comerse a su presa entera, incluyendo piel, huesos y vísceras. Siguiendo este ejemplo, empecé dándole piel cruda a Nirvana (especialmente de pollo). Le gustó, y además la piel de animal es un material fibroso indispensable para su digestión. Luego añadí las vísceras (corazón, pulmones, hígados, riñones...) y le gustaron todavía más. Las vísceras le aportan vitaminas A y B, minerales y también ácidos grasos, lo cual ayuda a su mantenimiento, crecimiento y reproducción.


Pero los lobos no son sólo cazadores, también gustan de la pesca, así que dos o tres veces por semana le doy a Nirvana pescado crudo y fresco.


Basada también en el pasado lobezno de los perros, existe la Dieta BARF o ACBA. Es la paleo-dieta de los canes. Veamos, por encima, algunos de sus puntos, pues el resto ya los hemos tratado al hablar de los lobos.


✔ La cantidad de comida que le damos a nuestro perro o perra debe ser de entre un 2% y un 3% de su peso. En caso de que sea cachorro, subiremos este tanto por ciento hasta el 10%.

✔ Toda la comida que les demos, desde la carne y los huesos hasta el pescado o los huevos, debe estar cruda.

✔ Está bien introducir en su dieta yogures, dos o tres veces por semana. Huelga decir que hablamos de yogures sin azúcares ni sabores, lo haremos simplemente por su aporte de probióticos.

✔ Hemos de equilibrar su relación entre el Omega-3 y el Omega-6. Podemos lograrlo dándole pescado fresco regularmente.


Quizás tengáis alguna duda sobre toda esta información, y si es así, os animo a escribir en los comentarios (os responderemos lo más pronto posible), para que el resto también pueda ampliar su información. De todas formas ya dejo resuelta la pregunta más común dentro de la Dieta BARF: ¿es peligroso que mi perro coma carne cruda?, ¿puede volverse más violento o salvaje? No, contundentemente no. Hay varios niveles en esta respuesta. A nivel de salud: el ph de tu perro es de 1 y, además, tiene un intestino muy corto, así que no tiene ningún problema en digerir carne cruda (de hecho, es lo que su cuerpo espera, para lo que está diseñado). Es más, al empezar a comer como evolutivamente se espera que coma, verás que sus deposiciones son menores y de mayor consistencia, esto es porque su cuerpo absorbe ahora muchos más nutrientes que antes. En cuanto a su carácter: comer carne cruda no volverá a tu perro más violento, para nada. Igual que a ti comerte un filete poco hecho no te hace desear volverte caníbal, a los perros tampoco les produce ningún cambio o trastorno mental.


Os dejo, más o menos, una tabla de la alimentación aproximada de un lobo adulto y que es, además, la tabla que suelo seguir yo para alimentar a Nirvana, Tardis y Menta (¡y les va de maravilla!). Por supuesto, cada perro y cada perra es un mundo, y no digo que debamos seguir los porcentajes a rajatabla, igual que nosotros no nos pasamos el día contando calorías, pero sí es una buena base sobre la que trabajar.


[Nota importante: los huesos debemos dárselos siempre crudos, o podrían astillarse y darnos problemas. Incluso los huesos de pollo, si se los damos crudos, es una buena opción. Hay quien defiende darles huesos una vez por semana (así ya cubriríamos sus necesidades de calcio), pero yo le doy huesos crudos bastantes más veces. Le gustan y disfruta mordiéndolos, especialmente cuando les duelen los dientes de leche. Además, cuando los lobos cazan, ¿no se comen siempre los huesos?]


85% carne cruda e incluyendo todas las partes (vísceras, piel, huesos)

2% hoja verde siempre parcialmente hervida

2% tallos variados parcialmente hervidos

2% frutas, yo siempre le doy manzana con piel

2% tubérculos y espárragos

1,5% pescado fresco aunque, dependiendo de la semana, le doy más o menos

1% huevo con cáscara

1% vegetales parcialmente hervidos

0,5% frutos secos alguna nuez, por ejemplo

0,5% semillas


En resumen, mi experiencia con Nirvana podría resumirse así: antes tenía un perro malhumorado, que se tiraba pedos increíblemente malolientes de manera bastante seguida, que le olía la boca a choto, que comía mierda de otros animales y, para rematarlo, tenía expresión triste y ladraba por casi todo. Ahora, dos semanas después de haber empezado a alimentar a Nirvana acorde con su recorrido evolutivo, tengo un perro sano, alegre, listo y obediente, que huele bien y, desde luego, no come mierdas, que ladra cuando tiene que ladrar y que, además, tiene una resistencia épica. Y lo digo de verdad, no sólo porque sea mi cachorro y le quiera a rabiar. Con poco más de tres meses hizo una excursión por la montaña, con un desnivel considerable, que duró casi siete horas, con apenas un descanso de unos veinte minutos. Al final, la última hora, Nirvana andaba llorando, pero ni me pidió que lo cogiese, ni dejó de caminar.


¡Qué feliz me hace saber que, por fin, tengo a mis lobeznos bien alimentados!

¡Sigue aquí las aventuras de estos tres mosqueteros caninos!

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