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Tiran más dos tetas, que dos carretas

Si existiese una vacuna con los beneficios

de la lactancia materna, los padres

pagarían lo que fuera por comprarla.

C. González


Pocos alimentos más “paleo” vamos a encontrar que la leche materna. Hoy nos centraremos en los primeros momentos de la lactancia, en el calostro.

Al final del artículo, tenéis enlazados diferentes estudios, trabajos y libros de divulgación sobre el calostro.


¿Qué es el calostro(1)?

Según la RAE, el calostro es la primera leche que da la hembra tras el parto. Hasta un par de días después del parto (aproximadamente), sólo produciremos calostro, no leche propiamente dicha. Por tanto, podríamos decir que el calostro es la primera etapa de la leche materna.

Esta diferencia, entre calostro y leche, es importante tenerla clara, para poder entender a la perfección los beneficios de ambos.

Al calostro, popularmente, se le conoce como “la primera vacuna del bebé”, y no es una definición demasiado desencaminada. El calostro tiene una muy alta concentración de anticuerpos (es decir, es una muy buena protección contra virus, microbios y células vivas extrañas). Los anticuerpos más abundantes en el calostro son los llamados IgA(2), unos anticuerpos que el bebé todavía no sabe producir por sí mismo y que no le son transmitidos a través de la placenta. Los anticuerpos IgA son los protectores de las frágiles mucosas del intestino y de las vías respiratorias. El objetivo principal de estos anticuerpos son los microbios y los virus presentes en el entorno de la madre, es decir, aquellos con los que hay que cohabitar desde el nacimiento(3).

El calostro de las primeras horas también contiene millones de células de acción inmunitaria, capaces de neutralizar y digerir los gérmenes más terribles. En palabras del Dr. Odent(4), “el calostro es […] un verdadero ejército capaz de subyugar cualquier tipo de infección”.

La lactoferrina también está presente en el calostro en una proporción de hasta diez gramos por litro(5). Una molécula de lactoferrina puede captar y camuflar dos átomos de hierro y así destruir, debilitar, vulnerar las bacterias.

Quizás la utilidad más famosa y alabada del calostro, a parte de la alimentación del recién nacido los primeros días, es la de poblar su flora intestinal. Volviendo al Dr. Odent: “el porvenir de la flora intestinal depende de que gérmenes sean los primeros en ocupar el territorio. Si el recién nacido no ha consumido más que calostro, los gérmenes más numerosos serán del género bifidobacterius, acompañados de algunos colibacilos a los cuales el niño está adaptado, puesto que vienen de su madre. El recién nacido necesita ser contaminado lo más deprisa posible por los microbios satélites de su madre, es decir, por los microbios domésticos. Así estará mejor protegido contra la agresión de los microbios más peligrosos.”

El calostro, por tanto, es a los bebés, lo que el café un lunes por la mañana a un adulto medio, oro líquido.


Beneficios del calostro

  • Su composición. Hemos visto que la composición del calostro está pensada para proteger a nuestro bebé de infecciones, virus y bacterias (lactoferrina, gérmenes bifidobacterius, anticuerpos IgA, inmunoglubina A…).

  • Es laxante. Ayuda a expulsar el meconio (primeras heces) y el exceso de bilirrubina, evitando así la ictericia.

  • Es muy fácil de digerir para el intestino inmaduro del bebé. Además, se digiere de forma rápida lo que conllevará que nuestro bebé pida mamar frecuentemente, y así se estimule nuestro pecho y la posterior producción de leche.

  • Los riñones inmaduros del neonato no pueden manejar grandes volúmenes de líquido; tanto el volumen del calostro como su osmolaridad son adecuados a su madurez y facilita la reproducción del lactobacilo bífido en el lúmen intestinal del recién nacido(6).

  • Su aporte nutricional. El calostro es rico en proteínas, minerales y vitaminas, y bajo en grasas, que es justo lo que necesita un bebé recién nacido.

Analicemos su composición nutricional, con datos de UNICEF:

Por cada 100 ml, el calostro contiene 2 g de grasa, 4 g de lactosa y 2 g de proteína (tres veces más proteína que la leche madura). Produce 67 kcal por cada 100 ml aproximadamente. En comparación con la leche madura, el calostro contiene menos cantidades de lactosa, grasa y vitaminas hidrosolubles, mientras que contiene una mayor concentración de proteínas, vitaminas liposolubles (E, A, K), carotenos y algunos minerales, como sodio y zinc. El color amarillento del calostro se lo confiere el betacaroteno, y su sabor ligeramente salado, el sodio. Las proteínas protectoras IgA y lactoferrinas están muy elevadas en el calostro, como ya hemos visto. Junto a los oligosacáridos, que también son muy elevados en el calostro (20 g/L), hay una gran cantidad de linfocitos y macrófagos (100.000 mm3), que confieren al recién nacido una eficiente protección contra los gérmenes del medio ambiente.

Los datos sobre la composición nutricional del calostro pueden variar ligeramente dependiendo de la fuente, pero la variación es mínima. Por ejemplo, según UNICEF contiene 2 gramos de proteína / 100 ml, y según la Universidad Nacional del Nordeste, contiene 2,9 gramos de proteína / 100 ml(7). Como decía, las diferencias son mínimas.

Para profundizar más en la composición del calostro y de la leche materna, y de los beneficios directos de su consumo, os dejo aquí un estudio completo y en castellano de la Dra. Fanny Sabillón y del Dr. Benjamín Abdu.

En conclusión, y donde coincide todo el mundo con exactitud, es en que el calostro está ajustado a las necesidades específicas del recién nacido. Está diseñado para ayudar al bebé en su llegada y adaptación al mundo.

Otro beneficio del calostro, no menos importante que los antes citados, es el hecho de fomentar el contacto íntimo madre-bebé.

Hay más beneficios demostrados del calostro en recién nacidos, pero son muy específicos. Para quien quiera profundizar aún más en el tema, podéis consultar las referencias bibliográficas de este mismo artículo.


Elección en la lactancia materna y conclusiones

Amamantar, o no, a tu bebé es, por supuesto, decisión de la madre. Pero esta decisión debe ser libre, lo cual incluye un contexto liberador (poder elegir con libertad) y una información completa sobre el tema(8). En caso de que alguna de estas condiciones falle, la elección no será libre.

Pongamos que acabas de tener un bebé y estás pensando en si le darás el pecho o vas a optar por una alimentación artificial. Pongamos ahora que termina tu baja por maternidad pocos meses después del parto, y tienes que volver a trabajar tus ocho horas en turno partido, dejando a tu cría con sus abuelos. Por supuesto, eliges darle biberón, al menos en cuanto vuelves a trabajar. ¿Has elegido tú el darle biberón a tu hijo? No, porque el contexto no era libre, no podrías hacer otra cosa.

Es de eso de lo que me quejo cuando digo que se dificulta la lactancia materna. Y no sólo la lactancia, hay muchísimas cosas de la relación madre-hijo que se rompen a favor del capitalismo. Así que, la mayoría de veces, lo artificial se impone a la fuerza a lo natural, y esto es algo que, por desgracia, nos acompañará toda la vida (vamos más en coche que a pie, comemos más procesados que comida real, estamos expuestos a demasiada luz artificial por la noche, pasamos muchas más horas sentados que en movimiento, etcétera).

Dicho esto, defiendo el derecho de elección en la lactancia materna. De elección libre, y de la madre. Y con libre y de la madre también quiero decir que debe ser una elección exenta de presión paternal. Cuántas veces he oído a padres lamentarse de no poder participar en la alimentación de su recién nacido; se sienten excluidos, sienten que su bebé (de semanas) quiere más a su mujer que a él mismo, entre otros lamentos posibles. Que esta verborrea no os haga cambiar de opinión sobre si dar el pecho o no. Que los celos de un adulto puedan más que las necesidades de un recién nacido, es algo que no deberíamos favorecer.

Los padres, igual que las madres y los bebés, tienen que hacer un proceso cuando una cría llega a la familia, y el respeto debe ser la base de este proceso. El respeto por su bebé y por la madre. El padre debe entender que, llegará un momento, en el que él será tan importante para su hijo como lo es ahora su madre, pero que ese momento no ha llegado aún. Por ahora, la madre representa alimento y protección, y ese alimento es el más saludable para su hijo. No le prive de eso simplemente por sentirse celoso o excluido.

Hablamos de la figura del “padre”, pero lo mismo se puede extrapolar a la figura que no es la madre en las parejas no heterosexuales, o en las figuras que no son la madre en las relaciones no duales. O incluso en personas cercanas a la madre, como familiares y amigos, que consideren que deben opinar al respecto.

Es la sociedad la que insiste en que el padre debe participar activamente en el embarazo, el parto y la lactancia, cuando es simplemente imposible. Su participación está en ayudar, respetar y comprender a la madre, pues toda su relación con el bebé pasará por ella durante algunos meses. Y no por eso es menos preciosa, simplemente es distinta. El papel del padre es fundamental, y lo será todavía más a medida que pasen los años. (No quiero extenderme hoy en este tema, pero volveremos a él en futuros artículos del blog.)

Así que, insisto, dar el pecho a tu bebé o no dárselo, es una decisión muy personal, y en la medida que sea posible, tómala libremente.

Lo confieso: soy pro-lactancia, me parece lo más natural para madre y bebé y, desde luego y con diferencia, lo más saludable, especialmente para el recién nacido. Pero incluso así, y siendo como soy partidaria de la filosofía evolucionista paleo, creo y defiendo que hay motivos para decidir no dar el pecho.

Tenemos la suerte de vivir en el siglo XXI y de tener opciones sintéticas que, aunque no tan ideales como la leche materna, si son lo suficientemente buenas y sanas para que nuestro bebé crezca sin problemas ni deficiencias. Así que, en caso de necesitar estas alternativas, úsalas, y úsalas sin complejos de “mala madre” ni ninguna perogrullada similar. Úsalas libre y alegre, y transmítele eso a tu bebé.

Porque hay muchos motivos por los que decidir no dar el pecho. En primer lugar, el no tener la suerte de poder elegir libremente (por motivos económicos, de trabajo, etcétera). En segundo lugar, por motivos físicos graves, como tener poca leche o leche de baja calidad (eso le pasó a mi madre, mi hermano y yo crecimos con biberón, y tan contentos y sanos los dos).

Otro motivo radical para no dar el pecho es la adopción, especialmente la adopción en parejas homosexuales masculinas, donde, simplemente, no hay pechos que dar. En estos casos, el biberón es la única opción, y os animo a vivir esta opción con alegría, puesto que tus hijos serán igual de sanos que los que hayan gozado de una lactancia materna. Una vez hecha la elección del biberón, incluso si no hubo posibilidad de elección, debe vivirse este proceso con el mayor gozo y seguridad. Lo estáis haciendo igual de bien que el resto, no dejéis que os digan lo contrario.

Pero además de esto, hay otros motivos, y aunque parezcan pequeñeces, si a ti te hacen sentir incómoda, quizás deberías replantearte la lactancia. Si te duelen los pezones, por ejemplo. No te creas nunca esos rollos de que, aunque te duela, debes seguir dándole el pecho, porque eso es lo que hacen las “buenas madres”, sacrificarse por sus hijos. Esa imagen de la mujer-madre como alguien sacrificada, abnegada y pasiva es algo con lo que hay que romper.

De todas formas, es posible que, si te duelen los pezones al dar de mamar, sea porque lo estás haciendo en una postura incorrecta, por ejemplo. No es el único motivo, pero es uno de los motivos posibles, por eso hacía antes hincapié en estar bien informadas antes de tomar nuestra decisión. Las ventajas y beneficios de la lactancia materna son muchos, enormes e importantes, y hay que tenerlos muy en cuenta cuando barajemos nuestra decisión al respecto.

Resumiendo, ser buena o mala madre no depende de si has dado de mamar una semana, un mes, un año, o nunca. Ser buena o mala madre es una teoría dual inexistente en la realidad, que sirve para meter miedo y ejercer una presión tremenda sobre las madres (especialmente las madres primerizas) y que al único que beneficia es al capitalismo opresor.

Infórmate al tomar decisiones, trata de no dejarte influir por prejuicios de ningún tipo, escucha a tu bebé y a ti misma, y trata de disfrutar de este proceso (con o sin lactancia materna, con o sin colecho, etcétera). Olvídate de querer ser una “buena madre” y, simplemente, sé la mejor madre que puedas para tu bebé.

Simplemente, sé madre.


Recomendación personal

Como digo, esto es una recomendación personal y, por extensión, una opinión, un consejo, y debes tomarlo como tal. No es una ley inquebrantable, ni va a suceder ninguna desgracia si no me haces caso, ni a ti ni a tu bebé. Pero yo te diría que, aunque tu decisión sea en favor de la alimentación artificial y hayas decidido no dar el pecho, sí le concedas a tu bebé el poder mamar el calostro.

Como hemos visto, los beneficios del calostro son múltiples y muy importantes, y son beneficios que difícilmente puede igualar ninguna leche artificial. Así que, aunque más tarde pases al biberón, sería muy beneficioso para tu recién nacido consumir el calostro.


Enlaces de interés para ampliar información

Libro Calostro, del Dr. Donald R. Henderson (traducción libre).

Artículo El calostro: un buen inicio en la vida, de la Dra. Leyla María Arroyo-Cabrales.

Artículo sobre el apego precoz y el aprovechamiento del calostro de la Universidad de Loja, Ecuador.

Artículo Beneficios inmunológicos de la leche humana para la madre y el niño, revisión sistemática, por el Departamento de Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Granada.

Artículo Efectos de la administración de calostro orofaríngeo en recién nacidos prematuros sobre los niveles de inmunoglobulina A, por la Unidad de neonatología del Hospital Materno Infantil Virgen de las Nieves y del Departamento de Fisiología y el Departamento de Pediatría de la Universidad de Granada.

Artículo Composición e inmunología de la leche humana, de la Dra. Roxanna García-López.

Artículo Lactancia materna: evaluación nutricional del recién nacido, por la Dra. Virginia Díaz-Argüelles Ramírez-Corría para la Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba.

Para más artículos sobre el calostro, la leche materna y la alimentación infantil y del lactante, podéis consultar este enlace, este enlace o este enlace.

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(1) Más información sobre el calostro:

El calostro, un tesoro, Alba Padró

Estudio de UNICEF sobre la composición de la leche humana


(2) Estudio de la Revista Cubana de Pediatría sobre los niveles de IgA en recién nacidos y su correlación con infecciones congénitas


(3) El bebé es un mamífero, Dr. M. Odent


(4) Michael Odent


(5) El bebé es un mamífero, Dr. M. Odent


(6) Extraído y adaptado de Manual de Lactancia para Profesionales de la Salud. Comisión de Lactancia MINSAL, UNICEF. Editoras C Shellhorn, V Valdés. Ministerio de Salud, UNICEF, Chile 1995.


(7) Composición del calostro, beneficios e importancia, según Medela.


(8) Artículo de UNICEF sobre la lactancia materna, mitos y realidades

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